Me voy a votar

Recuerdo que estaba viendo un telediario el día que se ponía
en marcha la campaña electoral que nos llevaría a las elecciones de hoy. He de
decir que me cogió por sorpresa. Llevábamos tantos meses ya con el runrún
político en todos los medios que pensé que había empezado hacía tiempo y que en
cualquier caso no notaríamos la diferencia.

 

Pero el primer día de campaña me enseñó lo equivocada que
estaba. Me resultó casi insoportable la agresividad de la campaña en fondo,
forma y cantidad. En todos los medios, en la calle, en el trabajo o en mi
propia casa. Era inútil, no se puede escapar a una campaña electoral que se te
pega hasta en la piel. Creo que me estaba duchando un día al llegar a casa y
pensé esto mismo. Necesito lavarme y descontaminarme de tanta agresividad. Y
mientras me secaba el pelo deseé con todas mis fuerzas que ocurriese algo que
mitigase un poco ese ruido que se imponía sobre todas las cosas.

 

Y ocurrió. La tierra tembló muy cerquita esta vez. Y no fue
culpa de nadie. Ni de los partidos políticos ni de los medios de comunicación.
Ni siquiera de los lorquianos. Tampoco mía, que me sentí terriblemente culpable
cuando me di cuenta de que la campaña política había desaparecido de repente
tal y como había yo deseado.

 

Y lloré un ratito en silencio.

 

Pero todo pasa rápido, sobre todo en las portadas de los
periódicos. Ya habían recogido su particular botín televisiones y políticos. Ya
empezaban unos y otros a recoger sus bártulos para volver a su particular
guerra electoral. Ya estábamos  resignados a volver a sufrir el bombardeo
de la campaña cuando el sentimiento, colectivo esta vez, de que el ruido de la
campaña era insoportable hizo que llegásemos a un quince de mayo diferente. Un
quince de mayo que se escribía raro. Así como #15M, seguido después de
#democraciarealya o de #acampadasol.

 

Y sonreí, tímidamente al principio.

 

Pero me reí con ganas al darme cuenta de que la campaña
había desaparecido casi por completo de la vida. Y lo poco que de ella me
rozaba ya no me afectaba. Me parecía algo lejano. Como anacrónico. Un
desesperado intento de los partidos políticos por aferrarse a lo que había sido
importante un día. Sobre todo para ellos.

 

Ahora voy a vestirme para ir a votar. Y no me importa decir
que hace unas semanas declaraba abiertamente que no tenía ninguna intención de
hacerlo. Que me daba pereza solo de pensar que le iba a dar un voto a alguien
que no conozco y que no sé lo que haría con él durante cuatro largos años.
 Pero estos días en la #acampadabilbao he aprendido que no votar o hacerlo
en blanco es alimentar el sistema que favorece a los partidos grandes y los
hace engordar hasta convertirse en lo que hoy son y que tanto daño nos hacen.
 Así que me voy a poner algo para la lluvia y bajo a votar. Lo haré al
partido minoritario con el nombre más bonito.

 

Igual esto no sirve para nada. Al menos para mí ya ha
servido. He podido soportar una campaña electoral que he vivido de otra forma.
Ahora solo espero que el movimiento que se ha iniciado estos días continúe sin
ser demonizado ni utilizado por la mala gente.

 

Bueno, también espero que la Junta Electoral Central no me meta
en la cárcel por estas cuatro cosas que me apetecía escribir hoy.

 

Feliz votación a todos.

 

 

 

 

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22 mayo 2011 en Reflexiones

4 Responses

  1. La verdad es que hace unas cuantas elecciones que no iba a votar, pero esta vez, entre el #nolesvotes y las acampadas, se me ha vuelto a encender la lucecita de los setenta y he vuelto a hacerlo.

    No se hasta dinde llegará, pero me encanta que la gente se mueva… ¡me rejuvenece! ;-) .

    Un abrazo, Lorena!

  2. Gracias Jordi! Que ilusión tener noticias tuyas. Coincido contigo en que estas cosas recuperan el espíritu de rebeldía que todos llevamos dentro y nos hace en cierta forma rejuvenecer.
    Un abrazo muy fuerte y espero que sigas muy bien.
    Lorena

  3. Pues muy apropiado para hoy. A ver como acaba esto de las acampadas. De momento creo que la lucha contra el bipartidismo está ganada. Estoy viendo los sondeos de las elecciones y creo que pasamos ya a la época del mono-partidismo…

    ;-)

  4. Pues sí majo! vamos de mal en peor. Besos